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OBJETIVOS
El cartesianismo y la imagen
disyunta del mundo humano respecto del llamado mundo natural han sido
y sigue siendo el estilo argumental clásico en ciencia. Las formas
contrarias de un mismo eje argumental pueden ser replicadas por miles;
el sujeto y el objeto son entidades a priori, el azar es un argumento
de la medida de máxima indeterminación, el caos es el nombre
de una regularidad no bien determinada, etc. Este es un mundo dual, pero
determinado en el objeto, o mejor dicho, en la objetividad del sujeto.
La objetividad permite la validación de los argumentos contra referente
de experiencia, cosa que tautológicamente corrobora la objetividad
del sujeto, que es, ciertamente un predicado del objeto.
En la concepción
de este mundo que supieron enseñarnos y que nos esforzamos por
aprender, la relación como filosofía no tuvo lugar, para
la mayoría de los corpus científicos este es un mundo dado
de objetos que demanan al investigador, el que, elucubra interacciones,
transacciones y coacciones entre otras formas de acción. La relación
como filosofía está estrechamente conectada a la concepción
de la experiencia como temporalidad e historia. El principio de la identidad
y las descripciones de carácter inherente a los objetos que se
sostiene en ciencia se corresponden con una concepción primaria
en la historia del conocimiento, esto es, la sustancia, la esencia y el
carácter autónomo de lo real.
La concepción relacional
está inmersa en la experiencia, en la situación y circunstancia,
no hay posibilidad de experiencia ahistórica. La irreversibilidad
surge entonces como condición de la experiencia y no sólo
como reformulación de los conceptos clásicos en termodinámica
como lo es la termodinámica no lineal de procesos irreversibles
de I. Prigogine. Desde la relación, la irreversibilidad se traduce
como la lógica de la historia y esto es así porque es la
lógica de lo vivo, la idea de probabilidad surge entonces de lo
irreversible y no al revés.
En este esquema lo irreversible
para ser tal sólo requiere de novedad, proceso, emergencia y se
encuentra a la base de la concepción de sistemas. Si cualquier
comunicación debe entrar en el espacio relacional de la naturaleza
humana, y como tal en el proceso de experiencias e historia, la realidad
surge entonces de esa situación histórico existencial y
es comprensible y ordenable sólo en el interior de tal situación.
El vicio de la metafísica tradicional (popular) es la de considerar
al propio objeto como sustancia del ser y de aislar el mundo de la "sustancia"
del mundo de la "experiencia", y reducir así la experiencia
a lo necesario, a lo atemporal y a lo único. Dejar de lado la relación
y el carácter emergente de la experiencia en toda toma de decisión,
es tener la creencia de que los argumentos científicos son acontextuados
en su significación, que lo aprocesal y ahistórico es lo
que caracteriza al sujeto de la relación y que en ello basa su
carácter de objetivo y de validación argumental.
Sin pecar de “estetocentrismo”
pudiera afirmarse que la Estética viene a ser un punto de encuentro
de la avanzada del pensamiento contemporáneo. Tradicionalmente
entendida como ciencia del Arte o teoría de la belleza, se mantuvo
postergada a estos ámbitos hasta que el siglo XX le fue concediendo
progresivamente nuevas posibilidades discursivas. Una de estas posibilidades
emana del propio pensamiento filosófico. Al decir de W. Welsch
, desde la modernidad se aprecia una cierta estetización epistemológica,
que fructifica hoy en la tendencia generalizada a asumir la desaparición
de la “realidad” en el sentido de exterioridad y objetividad
en que la entendió la metafísica. La aseveración
de Nietzsche del mundo como apariencia abriría la brecha hacia
la fundamentación actual del carácter estético-ficcional
de la realidad, vista no como un conjunto de hechos que se suceden al
margen del hombre, sino como un entrecruzarse de interpretaciones humanas,
sin las cuales no es posible pensar en un contacto con “lo real”.
Resulta imprescindible entonces abarcar la perspectiva del sujeto, dando
validez a las múltiples miradas y emplazamientos cognitivos.
Este aspecto, que significa
una verdadera revolución en el pensamiento contemporáneo,
no resulta una novedad para la estética, empeñada desde
su origen moderno en dejar claro el aspecto relacional de todo acto estético;
desde entonces es un hecho “…que los predicados estéticos
no son predicados de objeto sino predicados relacionales que vinculan
el objeto a un estado mental específico del sujeto… ”
Como su condición valorativa nos sugiere, lo estético no
constituye atributo de algún objeto, ni tampoco es condición
apriorística del sujeto. Implica una relación de significación.
Desde esta lógica,
tal como el Arte, indiscutible laboratorio en la elaboración y
experimentación de las utopías, la Estética puede
pensarse como un anuncio, una especie de “fase experimental”
donde por más de dos siglos se ha discurrido sobre asuntos que
han adquirido novísima factura filosófica.
De este modo, la Estética se entronca con otras disciplinas para
cuyo desempeño estos problemas constituyen temas centrales. Las
variaciones de la urbanidad y la familia; la correlación entre
lo propio y lo ajeno, lo público y lo privado; la universalización
del mercado y el papel de la imagen y la apariencia en el intercambio
mercantil, así como sus efectos en la mentalidad hedonista y consumista
del hombre actual; la estetización de la política; el multiculturalismo
y la correlación entre lo local y lo global, entre otros, resultan
preocupaciones comunes a todos los estudiosos sociales. Tras el aparente
antifaz de lo intrascendente, se proyecta en gustos, afinidades y conductas,
la generalización de un modelo globalizado de hombre; la estetización
del mundo actual constituye el marco social en que este se produce. Su
complejidad nos inclina a considerarle un terreno de prioridad incuestionable.
Por todo lo anterior, Complexus
construye sus objetivos en la idea de Complejidad, Ciencia y Estética,
seguros de diseñar y articular las redes de territorialidad desde
las cuales emergerá esa narrativa discurso por donde el sujeto-cultura,
del siglo XXI, se fundirá en una Ciencia Arte que entronque los
afectos en la creación de conocimiento.
Los lectores de Complexus
son Académicos, Profesionales consultores,Artistas, Científicos
para los cuales el paradigma Cartesiano Positivista ha empezado a ser
un problema en su cotidianeidad y que ven en este espacio un lugar de
apertura a temas que nunca han estado divididos.
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